Comunión plenaria (Oliverio Girondo)

LOS NERVIOS se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.

El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!…

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?

Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

Salmo de las maderas (Jorge Debravo)

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Hay maderas oscuras y profundas
como tus ojos y tus cabellos.
Porque tus ojos y tus cabellos son
como maderas profundas y charoladas.

Hay maderas suaves y livianas
como tu piel y tu alegría.
Porque tu piel y tu alegría son
como maderas suaves y livianas.

Hay maderas recias y macizas
como tus piernas y tus espaldas.
Porque tus piernas y tus espaldas son
como maderas recias y macizas.

Hay maderas húmedas y rojas
como la piel de tus labios y de tu lengua.
Porque la piel de tus labios y de tu lengua es
como una madera roja y empapada de savia.

Hay maderas olorosas y vivas
como el olor de tu cuerpo.
Porque el olor de tu cuerpo es
como el olor de las maderas
cortadas en los tiempos de lluvias.

Hay maderas que al ser trabajadas
dan notas musicales y perfectas.
Tu amor es una nota musical y perfecta
como el sonido que dan ciertas maderas
cuando son trabajadas.

Hay maderas que se quejan en las noches de lluvia
y en las tardes de tormenta.
Porque eres triste, y esto te embellece y purifica,
te pareces a esas maderas que se quejan
en las noches de lluvia y en las tardes de tormenta.

Hay maderas que tienen un sabor y perfume
tan propios que, cuando se las huele o se las besa,
ya no son olvidadas nunca más en la vida.
Porque eres fatalmente inolvidable,
te pareces a esas maderas que se recuerdan
hasta la muerte cuando se las huele o se las besa.

Nanas de la cebolla (Miguel Hernández)

 

cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
riete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto el jilguero
se remonta, aletea
desde tu cuerpo!.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,
tan extendido
que tu carne es el cielo
recién nacido.

¡Si yo puediera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Poema 22 – Espantapájaros (Oliverio Girondo)

girondoLas mujeres vampiro son menos peligrosas que las mujeres con un sexo prehensil.

Desde hace siglos, se conocen diversos medios para protegernos contra las primeras.

Se sabe, por ejemplo, que una fricción de trementina después del baño, logra en la mayoría de los casos, inmunizarnos; pues lo único que les gusta a las mujeres vampiro es el sabor marítimo de nuestra sangre, esa reminiscencia que perdura en nosotros, de la época en que fuimos tiburón o cangrejo.

La imposibilidad en que se encuentran de hundirnos su lanceta en silencio, disminuye, por otra parte, los riesgos de un ataque imprevisto. Basta con que al oírlas nos hagamos los muertos para que después de olfatearnos y comprobar nuestra inmovilidad, revoloteen un instante y nos dejen tranquilos.

Contra las mujeres de sexo prehensil, en cambio, casi todas las formas defensivas resultan ineficaces. Sin duda, los calzoncillos erizables y algunos otros preventivos, pueden ofrecer sus ventajas; pero la violencia de honda con que nos arrojan su sexo, rara vez nos da tiempo de utilizarlos, ya que antes de advertir su presencia, nos desbarrancan en una montaña rusa de espasmos interminables, y no tenemos más remedio que resignarnos a una inmovilidad de meses, si pretendemos recuperar los kilos que hemos perdido en un instante.

Entre las creaciones que inventa el sexualismo, las mencionadas, sin embargo, son las menos temibles. Mucho más peligrosas, sin discusión alguna, resultan las mujeres eléctricas, y esto, por un simple motivo: las mujeres eléctricas operan a distancia.

Insensiblemente, a través del tiempo y del espacio, nos van cargando como un acumulador, hasta que de pronto entramos en un contacto tan íntimo con ellas, que nos hospedan sus mismas ondulaciones y sus mismos parásitos.

Es inútil que nos aislemos como un anacoreta o como un piano. Los pantalones de amianto y los pararrayos testiculares son iguales a cero. Nuestra carne adquiere, poco a poco, propiedades de imán. Las tachuelas, los alfileres, los culos de botella que perforan nuestra epidermis, nos emparentan con esos fetiches africanos acribillados de hierros enmohecidos. Progresivamente, las descargas que ponen a prueba nuestros nervios de alta tensión, nos galvanizan desde el occipucio hasta las uñas de los pies. En todo instante se nos escapan de los poros centenares de chispas que nos obligan a vivir en pelotas. Hasta que el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo, lleno de interrupciones y de cortocircuitos.

Track final: De mujer y cocaína (Felipe Granados)

Esta mujer
que duda entre
esta raya
y la siguiente.

Que tiembla
y se le traban
las palabras.

Esta mujer
que no puede
pasar de ser exacta.

Que tiene el tono triste
de los bancos de un parque
azotados por la lluvia.

Esta mujer que no tiene remedio.

Merece ser quemada
como un santo,
apedreada
como cualquier adúltera,

merece, sí,
la cruz

porque me salva.

In Memoriam *

FelipeOne bourbon, one scotch, one beer

Te lloré borracho
como se debe llorar
para que sea genuino.
Te lloré borracho.

Recorrí la ciudad
con ganas enormes
de no llevar mi nombre
sólo para que no me tocara
esta tristeza.

Te lloré
caído en los caños
como un Li-Po cualquiera
supe entonces
que a veces la luna
se ve mejor desde la alcantarilla.

Te lloré
en un auto de la policía:
es la primera vez
que encierran a un fulano
por el delito menor de la nostalgia.

Te lloré borracho
y en mi delirium tremens
yo creía
que todos los borrachos
te lloraban.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
I’m still in love

Te quise
Cuando borracho de dolor y vino
Te buscaba en el fondo de mi vaso

Te quise
Después
Cuando aprendí a ponerme de pie
Y construí cosas
Para que caminaras
Con la frente en alto
A mi lado

Y hoy
te quiero más
Como el salvaje idiota
Que adora al dios de piedra
Por el que está
A punto
De ser
Sacrificado.

——
Cansado de lidiar
Con todos esos rostros
Que no sos

Regreso a casa

Pongo música triste
(Nina, siempre, Nina)
me gasto unos papeles
para escribirte todo,

me fumo unos cigarros que compré para vos

y vuelvo a ser
el hombre
que detesto.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
La vida de las cosas dixit

No tengo ganas de verte
Ni siquiera de tocar tu cuerpo con ninguna de mis partes

No tengo ganas de verte
Me conformo con sentarme
En la silla que acabas de ocupar
Sentir el calorcito
Que acaba de dejar
Tu cuerpo
En ese
Otro objeto
Muerto
Como yo

——
No te daré
Una casa grande
Porque no la tengo.
No te daré tu sueño
De princesa dorada
Con perros y lugar
Para las flores
Más raras del reino
Ni siquiera te ofrezco
Ese brillo triste y cansino
De la mirada amorosa de
Tu padre
Ni el brazo tierno de tu abuela,
Ni la lagrima robada al miedo de tu hermano.
No tengo la fe genuina del dios de tu madre
Así que esto tampoco te lo ofrezco.
Te doy eso si, Este miedo obsceno
De la noche
La vital caricia que es mi mano en ti

Y este cuerpo
Que es polvo
Fue polvo
Y será
Nada

* Poesía de la autoría del poeta costarricense Felipe Granados, fallecido el pasado 26 de Agosto.

Far Arden (Jim Morrison)

– And so I say to you –

The silk handkerchief
was embroidered in China or Japan
behind the steel curtain
and no one can cross the borderline
w/out proper credentials.

This is to say that
we are all sensate and occasionally sad
and if every partner in crime
were to incorporate promises in his program
the land might end and all our friends
would follow another program.

Who are our friends?

– I know you love me to talk this way –

Are they sullen and slow?
Do they have great desire?
Or are they one of the multitude who…
walk, doubting their impossible regret.

Certainly things happen
and reoccur in continuous promise.

All of us have found a safe niche
where we can store up riches
and talk to our fellows
on the same premise of disaster.

But this will not do.
No, this will never do.
There are continents and shores
which beseech our understanding.

Seldom have we been so slow.
Seldom have we been so far.
My only wish is to see
Far Arden again.

– And this next part will be done
on a woman’s voice –

The truth is on his chest.
The cellular excitement
has totally inspired
our magic veteran.

And now for an old trip.
I’m tired the night.
I want the old forms to
reassert their sexual cool.

My friend is just – you know –
And this morning before I sign off
I would like to tell you about
Texas Radio and the Big Beat.

It moves into the perimeter
of your sacred sincere and dedicated smile
like a calm veteran
of the psychic war.

He was no general
for he was not old.
He was no private
for he could not be sold.

He was only a man
and his dedication
extended to the last degree.
Poor pretentious soldier,
come home.