Al lado tuyo, pudo haber sido el mejor poema de amor

Para Andrea, por una y mil razones

Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
(Leopoldo M. Panero)

Junto a la fotografía que refleja la verdad de tu rostro
me sabes bella, aun sin haberte visto.

Te has convertido en mi buena forma
de ignorar la soledad y distraer al tiempo,
y noctámbulo te buscaré de nuevo
en el sueño fatigoso de mis duermevelas.

Soy el ave nocturna que huyendo de la lluvia
se guarece en un rincón de tus pupilas,
mientras te deduzco entre tantas infinitas razones,
necesarias para poder justificarte.

Desconocido junto al resto tuyo,
me prefiero perdido en el oscuro dédalo de tus cabellos,
muy probablemente muerto en el abismo y el lejano mar
capturado en el juego de tus ojos.

Ten cuidado y no me hagas mucho caso
que también a veces soy monstruo de soledad,
y ciertamente todo lo que digo y escribo
al final de cuentas serán palabras muertas.

Hoy me duermo y me despido,
dejándote a merced de los ruidos, y de la noche.

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Viernes Santo

Yo, mi, me, contigo
(Joaquín Sabina)

Yo, tu, te
Estar donde no estarte
Mártires, santas vírgenes
El viacrucis es por dentro

Mis livianos dedos en tu piel
Que el milagro aun no logra
Ahogarme junto a esta soledad
Sabor amargo este tormento

Procesión de recuerdos
Penitencia para no tenerte
Océano de lágrimas
Estigmas para no olvidarte

Pecar en tu cuerpo, hoy,
Sólo eso es lo que quiero
Santo, santo, morir en la cruz
Sólo eso me merezco

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