Quiero que tu cálido cuerpo desaparezca educadamente y me deje solo

Dejé que tu mente entrara en mí
por culpa de la soledad.

~Leonard Cohen

No es cierto lo que te dije

que fuiste mía, que te falta edad

que te sobran los años y la vida

 

No conoces a nadie

-ni siquiera a vos misma-

no eres niña ni mujer madura

no hay castillos a futuro

no fuiste mi amiga

 

Aquel  fin de semana no existió

ni el intento de besarte

ni la primera vez que te acercaste

para hablarme

 

Pasaste por mi lado como una pared

que no pude escalar, quise recogerte

limpiar la sangre que emanaba de tu alma

-pero de eso no te diste cuenta-

 

Mi pasantía por tu vida fue la brizna de aire

que recogen tus pulmones muchas veces por minuto,

necesaria, pero tan normal y espontánea

que para vos siempre pasará desapercibida

 

No existí, no exististe.

Esto no lo escribo por despecho a tu persona,

son simplemente palabras que sirven

para llenar los renglones de la página en blanco

en que se convirtió mi vida desde que te fuiste.

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Historia del canto y los fuegos fatuos que extravían a los marineros en el mar

Esa mujer se parecía a la palabra nunca
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

~Juan Gelman


 
Su hechizo es como el canto de las sirenas,
enloquece a los hombres con sólo mirarla a los ojos.
 
Yo lo sabía desde un principio,
pero no las circunstancias de la vida
que me llevaron a caer en las redes de su embrujo,
así como los de antes y los que vendrán después.
 
Bella, despiadada e insensible,
sumisa y cariñosa, después da la vuelta
y te aplasta como un vil insecto.
 
Sigue su vida como si nada porque de su lado
el sentimiento no existe, dejando detrás
un rastro de cadáveres malolientes y descompuestos.
 
Me dije: “con ella tendré cuidado”,
pero no fue así, mal signo ahora
cuando de mi cuerpo aflora
ese olor que caracteriza a los moribundos.
 
Mis brazos divagan extrañando la piel
que nunca estuvo y este pueril sentimiento
sigue esperando el estertor que antecede al ocaso.
 
Ese golpe de gracia que viene para convertirme
en un muerto más que se volverá putrefacto y polvo,
a un lado de su camino por la vida
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