Mujer nuestra de cada día

Esta mujer

Que tiembla
y se le traban
las palabras.

~Felipe Granados


Ayudé a una mujer a enfrentarse
de una mejor forma ante el mundo.

A tomar conciencia que la vida
es una cadena de coincidencias
y que se aprende también
del desamor y las malas experiencias.

Ayudé a una mujer a darse cuenta
de que existen segundas oportunidades
y de que el tiempo no se acaba todavía.

Ayudé a una mujer a recuperar el brillo
aún no apagado de sus ojos
y retomar sueños que pensó
había perdido desde su adolescencia.

Ayudé a una mujer a entender
que los fragmentos de historia,
la verdad a medias y las mentiras blancas
no llevan a ninguna parte.

Ayudé a una mujer a saber
que se puede volar y conocer planetas
sin viajar más allá de la habitación
y de nuestros cuerpos.

Ayudé a una mujer a ayudarse.

Pero lo que esta mujer no sabe,
es que de la nada, vino a rescatarme
de las garras de la muerte.

Lo que no sabe aún, es que
– desde que la conozco, desde siempre –
por ella todos los días
me levanto temprano,
también para ayudarme.

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Cuando aquel remoto mar dejó de marcharse

Déjame como una nube pasar arriba lento
pasar humedamente casi caliente
al soplo de un estío

~Vincente Aleixandre

Amor mi amor amor,
soy el efecto de tu causa,
la consecuencia que te espera en casa
al regreso de tus viajes.

Soy la reacción de tus actos,
y el resultado que permanece
después de la noche en que iniciamos
esta hoguera juntos.

Te hallé como una lágrima en un libro olvidado

Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
~Vicente Huidobro

Quisiera volverme duda
explotar dentro tuyo
y quedarme escondido
para que no me reconozcas

Ser el espejo en tu alcoba
para encontrarme en tus ojos
cada vez que tu rostro
te recuerde en las mañanas

Debería ser tu nombre
atado a la existencia
que te cubre desde siempre
o adherirme a tus recuerdos
hasta el momento preciso de la muerte

Quizás ser la tenue boca
cuyos temblorosos labios
se encuentran con los tuyos
en una noche de tormentas

Debería ser también
este tiempo sin estar contigo

¿Qué tal si te digo Amor
y con eso me ahorro
el resto de las palabras?

No conozco la Trova pero algo aprendí de los amores

¿Qué hago ahora contigo?
Ahora que eres la luna, los perros,
las noches, todos los amigos.

~Silvio Rodríguez

confieso
que no soy fanático
de la Trova

dejé de ir
a los Sabinazos y especiales de Silvio
por ser el único en el bar
que nunca coreó de memoria las canciones

pero a vos
más que a cualquier hábito,
género musical, bien de consumo,
afición o reincidencia
– me declaro adicto –

adicto cuando de tu boca
emergen flores para poblar
los áridos jardines de mis campos

especialmente adicto
a ese abismo en medio de tus pechos
donde se columpian mis labios
cuando juegan a hacer besos

me declaro dependiente
del cántaro que brota de tus piernas
y me rescata de la muerte
cuando de sus aguas emerjo
a tomar aire y recuperar la vida

recuperar la vida después de perderla
entre frenéticos espasmos
y susurrándote al oído el extracto
de una vieja canción o poema
que decía algo cómo:

“Lo peor del amor es cuando pasa
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos ..”

/

Hasta que llegue la diligencia del abismo

Hundirse en la noche!
Así como a veces se sumerge
la cabeza en el pecho para reflexionar,
sumergirse por completo en la noche.
~Franz Kafka

En mi casa
las cucarachas se mueren de viejas
y me doy cuenta de eso
cuando las encuentro
patas arriba debajo de la mesa.

Eso espero que pase
con el recuerdo de tu amor.

Que una mañana me levante
y lo encuentre
tirado en cualquier esquina
agotando sus últimos movimientos.

Quiero ser la persona
a quién conceda el privilegio
de dedicar sus ultimas miradas;
con esos ojos de un cariño
extinto desde hace mucho tiempo.

También espero, al final
con escoba y pala recogerlo,
para después;
arrojarlo a la basura.

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La medida de mi tiempo

Estar contigo o no estar contigo
Es la medida de mi tiempo
~Jorge L. Borges

Siempre que cae la noche te recuerdo.
 
Recuerdo el brillo de tu pelo,
la dulzura de tus labios,
el rojo color de tu sonrisa.
 
Recuerdo el mundo
que nace de tus ojos,
los caminos recorridos por tu piel,
tu voz cuando me nombra.
 
Recuerdo que,
sin como ni pretexto
decidiste un día
aparecer en mi camino.
 
Más tarde, cómo hoy 
también recordaré,
estos días tratando de descifrar
las razones ausentes del por qué
… decidiste ya no estar.

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